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Los Mitos y Verdades del Eucalipto

Los mitos y las verdades sobre el eucalipto comenzaron a aparecer en las décadas del 60 y 70 del siglo pasado cuando las reforestaciones no presentaron los resultados esperados en cuanto a la productividad.

El fracaso se debió a muchos factores, entre ellos la falta de investigación científica sobre productividad, planificación inadecuada del uso de la tierra siendo plantado en terrenos rocosos y húmedos, elección inadecuada de las especies a ser plantadas para cada región del país, uso de técnicas inadecuadas implantación y uso de fertilizantes y fallas en la política, la legislación y la fiscalización.

Al sumar todo esto a la falta de información y la poca divulgación de los medios de prensa alentó la aparición de los mitos y mentiras sobre el eucalipto.

La primera de ellas y más divulgada es que el eucalipto seca el suelo. Esta afirmación es falsa.

Se retiene menos agua que las matas nativas que tienen las copas más grandes, permite que el agua llegue al suelo más rápidamente por tener menos follaje, que también disminuye la evaporación a la atmósfera, tiene una capacidad de absorber más agua en la época de las lluvias y menos en la la época de la sequía, sus raíces no sobrepasan dos metros y medio, por lo que no llegan a las capas freáticas y consume mucho menos agua que una plantación de caña de azúcar, de café, de soja, de arroz hasta de la carne de pollo y de la carne de buey.

Estudios recientes revelan que el eucalipto es muy eficiente en el aprovechamiento del agua. Mientras que un litro produce 2,9 gramos de madera, la misma cantidad de agua produce sólo 1,8 gramos de azúcar, 0,9 gramos de granos de trigo y 0,5 gramos de granos de frijol.

La afirmación de que el eucalipto empobrece el suelo también es falsa, pues casi todo lo que él retira devuelve. Después de la cosecha, cáscaras, hojas y ramas que poseen el 70 por ciento de nutrientes del árbol, permanecen en el local y se incorporan al suelo como materia orgánica, además de contribuir al control de la erosión.

También es común oír que el eucalipto genera un desierto verde. Afirmación también falsa. Por tener que dejar parte del área de la propiedad para reserva legal y área de protección permanente, el eucalipto y los sub-bosques forman un corredor para áreas de preservación y crean un hábitat para la fauna, ofreciendo condiciones de refugio, de alimentación e incluso de reproducción como demuestran estudios realizados por Klabin y Aracruz.

Es cierto que no albergan una biodiversidad tan grande como en los bosques naturales, pero la prueba está ahí: estos animales fueron grabados en los bosques plantados de la empresa Ramires Reforestaciones en Mato Grosso do Sul.

Otra afirmación falsa es que el eucalipto genera pocos beneficios sociales y económicos en los municipios. Cuando manejados de forma adecuada genera tanto beneficios como otro emprendimiento rural, empezando por el gran número de empleos directos e indirectos que genera tanto en los viveros como en la implantación y mantenimiento de los bosques. Además, genera recaudación de impuestos, inversiones en infraestructura, consumo de bienes de producción local, fomento a diversos tipos de nuevos negocios e iniciativas en el área social como la construcción de casas, puestos de salud y escuelas.

Sumado a todas estas informaciones que pasamos es bueno siempre recordar que una hectárea de eucalipto consume 10 toneladas de carbono de la atmósfera al año, contribuyendo a la disminución de la contaminación, el calentamiento global y combatiendo el efecto invernadero. En resumen, más que ser un negocio rentable y productivo, las plantaciones de eucalipto han cumplido su papel fundamental de reducir la presión sobre los bosques nativos, aún muy utilizados en el consumo de carbón vegetal, muebles y madera sólida.

Fuente: Panel Forestal

 

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